Crónica IM Lanzarote (Por Manu García)

Últimamente no escribía muchas crónicas de las carreras que hecho en los últimos años pero Lanzarote bien merece una líneas (o un ladrillo como es el caso…).

PREVIA

Por motivos de trabajo, este 2017 tenía la única oportunidad (al menos a corto plazo) de preparar el IM de Lanzarote en 6 semanas buenas y dejar el resto de la preparación a la “memoria física” que tiene el cuerpo tras varios años de palizas constantes, así que en julio de 2016 no me lo pensé y me embarqué en el que, para muchos, es el Ironman más duro del mundo. La cosa no empezó bien, pues en la maratón de Valencia en noviembre me lesioné de la cintilla iliotibial y eso me tuvo 2 meses sin poder correr justo en el momento donde más volumen debía acumular, debido a que de la semana -10 a la -7 no iba a poder entrenar nada y por tanto sólo me quedaban esas 6 semanas de “calidad”. Así que con el peor volumen de kilómetros previos a un IM (en 2017 sólo acumulaba 21km/2300km/330km) de los 3 que había hecho previamente, me acercaba al 20 de mayo. Además, hay tres factores que me afectan muy negativamente, y esta carrera los reunía todos: desnivel (soy pesado y muevo pocos watts en la bici), el viento (a parte que por mi “volumen” corporal me afecta más, psicológicamente me “atufa” muchísimo), y el calor/sol que aumenta mis problemas de sobrecalentamiento en las plantas de los pies y pulsaciones altas. Tocaba apelar a la épica, una vez más.

RACE WEEKEND

Llegamos el jueves 18 de mayo a la isla y nos recibió con rachas de 75km/h, ganas de subirse al avión y volverse a casa. Casi directos del aeropuerto a recoger el dorsal y la bici del transporte. Todo OK así que nos dio tiempo a preparar todo para el viernes y hacer turismo (del normal y del gastronómico, jeje). El viernes bajó un poco el vendaval y fuimos a chequear que en la bici iba todo bien y a soltar piernas del viaje. En sólo 45’ nos dimos cuenta que nuestro ya de por si gran optimismo, se nos había ido de las manos y lo íbamos a pasar muy pero que muy mal en esta carrera. Por la tarde, check-in de bicis y bolsas, y a las 17:00 a hacer más turisteo por la isla. El sábado 5:00 am, good morning Vietnam, el viento parecía razonable para lo que habíamos visto, así que fuimos a acabar de preparar todo y ponernos en modo carrera, con la consigna de ir a terminar como fuese y gestionar la carrera desde la prudencia, tanto es así que valorábamos hacer unas 8:00 en bici como bueno.

NATACIÓN

Aunque llegamos a la playa 20 minutos antes de la salida, al poco tiempo de meternos en al agua ya nos mandan ir hacia la salida, y yo que una de las cosas que tenía muy claras que era calentar bien para no empezar con ese dolor de hombros típico de bloqueo de músculos fríos. Bueno, el caso que vamos para el arco de salida y ya sólo quedaba sitio en la zona de 1:30h cuando mi intención era moverme por 1:15h pero bueno, tampoco pasa nada, la natación hay que pasarla sin percances y lo más tranquilamente que se pueda. Aunque he estado en muchos tipos de guerras y salidas masivas, esta me sorprendió por la cantidad de peleas y encerronas en las que me metí (o mejor dicho, me metieron) entre las corcheras y las boyas, aquello parecía un ring, no fue hasta el km. 3 que empecé a tener una línea clara y definida. Al comenzar la segunda vuelta noté que se levantaba mar de fondo y que la última recta iba a ser dura, así que regulé un poco y con calma fui llegando a la meta. Al final en mi GPS 4.046m (así que no excesivo desvío) y 1:10:55”, pocos segundos más que el que sigue siendo mi mejor marca en la distancia en mi debut en Calella en 2012, así que contento. Está claro que carreras como el ultraman con sus 10kms o la “Tuna Race” con los 5km desde mar adentro, no me han hecho más rápido pero sí que me han permitido solventar cualquier distancia casi sin desgaste ni agobios. Acercándome al final de la natación noté algo de sensación de hambre así que sabía que mi momento de vaciado gástrico era el idóneo. La T1, para todas las cosas que había que hacer y todo lo que había que recorrer, no fue del todo lenta, unos 8 minutos, tenía muy claro lo que tenía que hacer y cómo hacerlo, además de irlo repasando en los últimos metros de la natación.

CICLISMO

Rápidamente me pongo a la faena y las noticias buenas se van acumulando: no parece que haga mucho viento, está nublado y veo que estoy en el “paquete” de la carrera, me preocupaba un poco encontrarme rápidamente muy aislado del resto de corredores y sentirme un poco fuera de carrera. Así que comencé a centrarme en comer y beber como tenía planeado y disfrutar de los espectaculares paisajes que el cielo encapotado hacía aún más místico. De la primera parte de la carrera los recuerdos más importantes fueron pasar por la zona de los hervideros, me marcó mucho la larga recta del Timanfaya y la bajada hacía la caleta de Famara, con toda la cordillera volcánica de fondo. El caso es que cómo esa “peli” que esperas tanto tiempo para ver y que luego se te pasa muy rápida, me encontré en la rotonda de giro hacia Teguise con la sensación de decir, ¿ya? no es que fuera rápido, pero sí que se me había pasado rápido.

Disfruté muchísimo de la subida hasta el mirador de Haría, un puerto de los que me gusta, largo y tendido, y de la bajada con las curvas de herradura. Total que dije “jod**, “sólo” me queda el mirador del río???” Ay, iluso. Antes de eso, pasé mi momento de mayor trabajo muscular justo en una rampa al salir del pueblo de Ye, mucho % y asfalto muy malo, no me hubiese importando llevar un par de coronas más, jeje. La temida subida al mirador fue un abrir y cerrar de ojos, y cuando me di cuenta esta mirando con mis propios ojos lo que tantísimas veces he visto en a través de los ojos de otros, la impactante vista de La Graciosa al fondo.

Y nada más avituallarme allí arriba ¡Gerónimo! Para abajo a todo trapo, aunque las rachas laterales hacían la bajada bastante peligrosa, cosa que se reafirmó con un atleta que tocó suelo en una curva y estaba siendo atendido por la ambulancia. Pues nada, en mi cabeza sólo se repetía “esto ya está”, “bajada y viento a favor”, “bajamos de 7 horas en bici”… Pues va a ser que no. De Arrieta a Tahiche fue una zona super “pestosa”, aire lateral muy molesto, terreno desértico, el sol ya apretaba con fuerza…Además el aire estaba rolando dirección este, lo que suponía que en el desvío oeste hacía Nazaret no hace falta explicar lo que nos esperaba, todo eso “regado” con unas zonas de asfalto en las que temí por la integridad de los tubulares, así que del km.130 al 160 puede decir que es donde peor lo pasé de toda la carrera, pensando que era un trámite. Así que cuando comencé a bajar hacia Puerto del Carmen iba más contento que un niño con zapatos nuevos. Acabé de beber todo lo que me quedaba, un gel más para llegar con energía a la T2. Al final fueron 7:14h, 4 barritas Powerbar, 3 geles Powerbar y 5 bidones de 750ml de energy drink.

CARRERA A PIE

Me encontré sentado en la T2 con ganas de correr, no como otras veces que piensas “¿Y ahora tengo que hacer una maratón?”. Me cambié el maillot por la camiseta de tirantes, más crema solar, visera, gafas, zapatillas y a correr. Segunda transición en unos 6 minutos. Nada más salir a correr me cruzo con Alesandro Degasperi que entraba a meta 2º, y poco después a, el ya icono, Jesse Thomas, y yo pensando “¿Hola? Acabo de pasar casi codo con codo con Jesse Thomas y estoy corriendo por el mítico paseo marítimo del Puerto del Carmen!!!” Motivación a tope, llego al primer avituallamiento y lo primero que hago es pedir vaselina, me unto a “go-go” en el tobillo porque la mega-banda de neopreno-chip con el que nos había sorprendido Ironman y que podría arroparte en noches de invierno, sabía que podía destrozarme el tobillo, y también aproveché para protegerme axilas y pezones.

Sabía que con el calor y el sol que estaba cayendo no podía hacer florituras y que tenía que ser una carrera de ritmo pausado pero constante dejando pasar los kilómetros, y que sí o sí tenía que pararme en todas las Aid-stations a hidratarme, refrescarme y avituallarme bien, aunque fuese perdiendo tiempo. La carrera a pie este año había cambiado a 2 vueltas, una primera de 15kms de ida y 15 de vuelta, y otra con 6 y 6, para mi acostumbrado a “masacres psicológicas” entrenado, me fue bien porque cuando me quise dar cuenta llevaba 30kms y eso ya estaba hecho. Paulatinamente fui bajando el ritmo, pero conforme se acercaba el final se unieron varios factores positivos: en el giro en meta pude ver a Laura y el “subidón” que ello conlleva, el sol comenzaba a perder fuerza y con eso bajaba mi temperatura corporal y por tanto mis pulsaciones; y por último yo mismo me había creado uno de esos “mini-retos” necesarios en estas carreras tan largas, era viable bajar de 13:30h. Así que, estiré la zancada, intenté mejorar la posición de carrera y subir el ritmo conforme se acercaba cada vez más de nuevo el paseo marítimo y iban cayendo los últimos metros. Subidón total, acelero a tope empiezo a pasar a gente en los últimos 500 metros, entrada en meta haciendo el “avioncito” y salto final, desatando todas las emociones contenidas.

Al final 13:28h., que para mi y con todos los condicionantes con los que llegué a esta carrera y la dureza de la misma, me parece un tiempazo. Además, mi posición, 806 de 1609 inscritos, revelaba que la carrera había sido una de las ediciones más duras de las últimas, comparando tiempos y posiciones de otros años.

CONCLUSIÓN

Reconozco que la carrera (y también el viaje, la experiencia global, vamos) ha sido todo como lo hubiese soñado, y que voy a guardar en mi memoria mucho tiempo, recordando cada pequeño detalle: el agua cristalina y los peces en la natación; los paisajes apocalípticos de la bici; la gente animando y yo arengándolos a ellos; los momentos de introspección en la maratón viendo despegar y aterrizar aviones a pocos metros; las sonrisas, las lágrimas…en general todo aquello que un ironman te da.

¡Ahora a por el Challenge de Roth!